
El miércoles cuando dispusieron que debía ser traslado de inmediato al Servicio Penitenciario Provincial, lo primero que sintió Diego Domingo Ponce fue miedo. Le dijo al juez Jorge Pinto que temía lo que podrían hacerle los presos cuando se enteraran del hecho que le incriminaban, es decir el daño que le causó a una nena de 10 años. Sobre el hecho siempre quiso desvincularse. Pretendía que lo lleven a Pampa de las Salinas donde en los últimos años transitó la pena de prisión perpetua por matar a una chica de 17 años, en 2002 en Villa Mercedes.
Que fue hasta la casa de Emma, ubicada en el paraje Los Peros, distante a unos tres kilómetros del pueblo, porque estaba buscando trabajo, sí lo reconoció. Pero nada más que eso. Cuando le preguntaron a qué se dedicaba dijo que vendía churros y pastelitos (para un tercero) en el balneario municipal, pero que también era herrero y carpintero. Sin embargo, estos últimos dos oficios no pudieron ser acreditados. Subsistía de la venta de esos productos.
El 16 de octubre del año pasado a las 10 de la mañana se realizó la audiencia donde la jueza de Ejecución Penal, Nora Graciela Villegas dispuso la libertad condicional de Ponce. Antes ya le había otorgado salidas transitorias. El Ministerio Público Fiscal se opuso, según consta en la resolución. El condenado (que estuvo conectado desde Pampa de las Salinas, vía Cisco Webex) dijo que se arrepentía de “todo lo que ha hecho”, que “no hay un solo día que no se arrepienta” y pidió disculpas “por todas las molestias”. Planteó que tenía “en vistas” algún empleo para conseguir. Una opción era en un campo distante a 10 kilómetros de Santa Rosa (que le consiguió su tío), o trabajar con su hermano en un salón de eventos. Como ningún familiar lo podía tener, porque además tienen problemas económicos, propuso al procurador Adolfo Cafieri para que asuma su tutela. El abogado tomó el compromiso de “adoptarlo y asistirlo en todo lo que pueda, y darle vivienda y comida, hasta tanto él logre reinsertarse en la ciudad, trabajando y estudiando”. Tomó, además, la defensa técnica junto a la abogada Alejandra Zunini.
Ponce completa su condena recién el 16 de octubre de 2030, pero cinco años antes recuperó la plena libertad que no supo aprovechar. Debía respetar normas, pero las incumplió. De acuerdo a la exigencia fijó un domicilio en Villa Mercedes, y de ahí no podía ausentarse sin autorización del Tribunal. Inclusive comunicar cualquier cambio de domicilio.
Además “abstenerse de concurrir a determinados lugares, cometer delitos, o encontrarse sospechado del mismo, ni relacionarse con personas del ámbito delictivo, que pudieran influir negativamente para su adecuada reinserción social”. Por último, realizar un tratamiento psiquiátrico o psicológico en instituciones públicas o privadas, y acreditar su cumplimiento de manera mensual. No consta que haya cumplido con nada, y tampoco por qué no le revocaron la libertad por incumplir las normas.
Dos meses después, personal del Instituto de Reinserción Social no lo encontró en el domicilio de Cafieri donde dijo que vivía. Le dejaron una citación para que concurra el 6 de diciembre a la Oficina de Derechos y Garantías Constitucionales de Villa Mercedes, y concurrió con su tutor. Consta en el informe que el principal ingreso de Ponce provenía de herrería pero que también asistía a Cafieri en tareas como “ordenar documentación, traslado de encomiendas, entre otros”.
Al menos los últimos dos meses, Ponce estuvo radicado en Santa Rosa del Conlara. El día que lo imputaron por “robo calificado por el uso de arma (Art. 166 inc. 2°, primer supuesto del Código Penal), y “homicidio criminis causa, en grado de tentativa” (Art. 80 inc 7° y 42), en calidad de autor, la Fiscalía que lo incriminó sostuvo que había incumplido en informar su traslado a otra ciudad. Solo eso era motivo para revocarle la libertad, pero eso no pasó. Así como si nada andaba en bicicleta por el pueblo, y de mismo modo apuñaló en la garganta a una menor que de milagro salvó su vida.
Vivía en una pieza alquilada, de block y chapa, y le había permitido residir con él a una joven pareja que conoció circunstancialmente. Había dos camas, una mesa y un elemento para cocinar. Cuando la Policía allanó el lugar encontraron la bicicleta y la mochila (donde hallaron la supuesta arma homicida). A la ropa que tenía puesta cuando una cámara de seguridad lo tomó saliendo de la casa en dirección a la ciudad, se la descartó, y no la pudieron encontrar.